Posteado por: repensaredu | 27/julio/2007

Trabajo y ocio.

Hoy en día la casa y el sitio de trabajo, son, respectivamente, los lugares de lo privado y de la actuación social de la persona. El ocio se convierte en un tiempo dedicado a las actividades privadas, y a él se dirige todo el mercado de los servicios, el cual cada vez tiene un peso más dominante en la realidad de la sociedad. Para ello basta con ver el planteamiento del fin de semana de buena parte de las personas: se trata de hacer cosas – ver fútbol o un vídeo, ir a un lugar concurrido, comprar alguna revista que me entretenga…, consumir lo que he ganado con la seriedad de mi trabajo-. Quien dedica su descanso a la quietud (contemplar, sentarse ante un paisaje, rendir culto a Dios, leer un buen libro, etc.,) es un personaje que a menudo parece extraño, pues la mayoría apunta en otras direcciones. ¿En qué consiste el ocio en realidad? Entender el ocio como mero “tiempo libre” es un planteamiento pobre, que aquí abandonaremos decididamente en pos del ideal clásico: el ocio es instalarse en la plenitud y celebrarla. Pero antes de ir adelante, es preciso decir algo relevante: no se puede “estar ocioso” sin haber trabajado antes, solo después puede uno descansar, festejar lo logrado y jugar. Por lo que el ocio bien entendido lleva dentro una regla ética: el ocio viene después del trabajo; el resultado exige el esfuerzo previo de trabajar, la primera regla es haber terminado el trabajo: tras el esfuerzo hay que celebrar lo conseguido. El sentido clásico del ocio está muy alejado de la idea de “tiempo libre” como “entretenimiento y diversión”.  Consiste en desligarse de la necesidad , del interés, de la pesadez, y elevarse libre y creadoramente al territorio de lo festivo para encontrar ahí la plenitud humana, porque en el “ocio” llevamos a cabo actividades que son un fin en sí mismas. La actitud ociosa no es la inactividad, la pereza. Todo lo contrario, es la actitud de aprender (ocio, en griego, se dice scholé de donde deriva escuela). Es un modo de estar ante la realidad, de mirarla, que ha abandonado el interés y atiende expectante: El sentido del ocio es la contemplación, y la práctica de ésta exige “el descubrimiento de la lentitud”, sin prisa “poner el oído atento al ser de las cosas”, para que se nos muestren desde sí mismas y podamos así poseerlas: “ solo la interior apropiación de lo otro en cuanto otro enriquece sapiencialmente, sin que de eso dependa la supervivencia; sino porque nos gusta. 

Muy en relación con esta idea de ocio se encuentra el concepto clásico de “artes liberales” o “artes libres”, aquellas que “están ordenadas al saber” y la belleza, contrapuestas a las “artes serviles”, que solo buscan bienes útiles. Las “artes liberales” son las humanidades, todo ese conjunto de saberes “inútiles” que proporcionan una “educación liberal”, que consiste en “recordarse a uno mismo lo que es la excelencia humana”.

Documento preparado por Iván Cisneros.

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