Posteado por: repensaredu | 21/agosto/2008

Crisis de los 25 años…

Aires de grandeza, sensaciones de poder, trabajos sensacionales y otros mitos del triunfador encerrado en su cápsula.

 

Hoy por la mañana un muy buen amigo mío me ha inspirado como nunca a escribir este pequeño artículo que desde hace tiempo quiero escribir para todos esos jóvenes profesionales que inician el camino hacia el “éxito profesional”, y que en muchas ocasiones no saben ni en qué consiste: algunos lo reducen a cuatro cuentas bancarias y tres tarjetas de crédito, otros a un par de carros y casas, otros a la fama de salir un día en la periódico del “super país” en el que se habita, otros más miserables aún lo reducen a una cierta sensación de grandeza por haber conseguido “lo que ellos se propusieron”, que visto en conjunto es bien poca cosa en relación con lo que probablemente podían… Estos son los típicos que no pueden comprender por ejemplo un trabajo como vocación de servicio: empleadas del hogar, amas de casa, enfermeras de todo tipo, son trabajos incomprensibles para una cabeza que sueña con sueños vacíos.

 

 

Sueños vacíos.

 

            “Como te atreves a sentenciar mis sueños de vacíos, son un sueños increíbles, tu no sabes nada de lo que yo quiero, tu mente te impide ver la grandeza de mis sueños, porque eres un mediocre”. Probablemente este sería el pensamiento de un “super-profesional del futuro”, que llegan a los cuarenta años y sigue construyendo grandezas, grandezas que les reventarán en la cara cuando a los cincuenta años vean para atrás y se den cuenta que a nadie le importa lo que han logrado, incluso en ocasiones, ni a los más cercanos: sus hijos, nietos, etc. Cuántos “abuelitos” frustrados por una vida sin sentido, sin amor, donde ha primado siempre el mito del “profesional exitoso” y que, definitivamente ha sido exitoso, en el ámbito y bajo los parámetros personales –pequeños con frecuencia, y mucha frecuencia-, que incluso mucha gente no comparte y que probablemente ya hayan cambiado de “moda” para cuando él lo haya conseguido: Antes el sueño del “dueño de empresa”, después el sueño del “gerente multinacional”, y ahora el sueño del “freelander”, ¿qué será después? El bohemio humanista o el nuevo “urbanismo” de tener todo cerca, o volveremos a los pantalones “acampanados” y a las camisas tipo polo rayadas.

 

 

Momentos estelares.

 

            Transcribo ahora de manera literal el prólogo de un libro que puede servirnos para profundizar en nuestros tema, el extracto arranca desde la realidad del artista para después extenderse a un sin número de realidades.

 

            “Ningún artista es durante las veinticuatro horas de su jornada diaria ininterrumpidamente artista. Todo lo que de esencial, todo lo que de duradero consigue, se da siempre en los pocos y extraordinarios momentos de inspiración. Y lo mismo ocurre en la Historia, a la que admiramos como la poetisa y la narradora más grande de todos los tiempos, pero que en modo algunos es una creadora constante. También en ese “misteriosos taller de Dios”, como respetuosamente llamara Goethe a la Historia, gran parte de lo que ocurres es indiferente y trivial. También aquí, como en todos los ámbitos del arte y de la vida, los momentos sublimes, inolvidables, son raros. La mayoría de las veces, en su calidad de conista se limita a hilvanar, indolente y tenaz, punto por punto, un hecho tras otro en esa inmensa cadena que se extiende a lo largo de miles de años, pues toda crisis necesita un periodo de preparación y todo auténtico acontecimiento, un desarrollo. Los millones de hombres que conforman un pueblo son necesarios para que nazca un solo genio. Igualmente han de transcurrir millones de horas inútiles antes de que se produzca un momento estelar de la humanidad.

            Pero cuando en el arte nace un genio, perdura a lo largo de los tiempos. A su vez cada uno de estos momentos estelares marca un rumbo durante décadas y siglos. Así como en la punta de un pararrayos se concentra la electricidad de toda la atmósfera, en esos instantes y en el más corto espacio, se acumula una enorme abundancia de acontecimientos. Lo que por lo general transcurre apaciblemente de modo sucesivo o sincrónico, se comprime en ese único instante que todo lo determina y todo lo decide. Un único “si”, un único “no”, un “demasiado pronto” o un “demasiado tarde” hacen que ese momento sea irrevocable para cientos de generaciones, determinando la vida de un solo individuo, la de un pueblo entero e incluso el destino de toda la humanidad.

            Tales momentos dramáticamente concentrados, tales momentos preñados de fatalidad, en los que una decisión destinada a persistir a lo largo de los tiempos se comprime en una única hora y a menudo en un solo minuto, son raros tanto en la vida del individuo como en el curso de la Historia”. “Pero a veces, en contadísimas ocasiones a lo largo de todos los tiempos, llevado por un peregrino humor se echa a los pies de algún indolente. A veces, y estos son los momentos más asombrosos en la historia universal, el hilo de la fatalidad cae durante una fracción de segundo en unas manos por completo incompetentes. Ante el embate de la responsabilidad, que les introduce de lleno en el heroico juegos de fuerzas cósmicas, tales hombres más que afortunado, se sienten estremecidos, y casi siempre dejan que el destino que se les ha caído encima se les escape de entre las manos temblorosas. Sólo muy rara vez alguno de ellos, enérgico, enaltece la ocasión y con ella a si mismo. Pues tan sólo por un segundo se entrega lo grande al insignificante. Y al que desaprovecha ese momento, jamás se le concede una segunda oportunidad.”

            “Así de terrible es la venganza con quien, injustamente llamado, no supo aprovechar uno de esos grandes momentos que tan rara vez se presentan en la vida de los mortales.(…) Con desdén, ese momento decisivo rechaza al pusilánime. Y con sus brazos ardientes, como otro dios sobre la tierra, enaltece sólo al audaz, elevándolo al firmamento de los héroes”

 

 

Y ¿entonces?

 

            La pregunta difícil de responder es a qué estoy llamado como miembro –no escogido- del entorno en el que nací, en el que vivo y en el que viviré. Cuál es mi responsabilidad para con esta humanidad que espera de mi la grandeza de un héroe, o estaré cosechando la vida de un pusilánime que no sepa responder al gran llamado que hará que mi vida realmente valga la pena y tenga “éxito”… ¿difícil no?, pero en esto nos lo jugamos todo.

 

Lo único que está claro es que mi vida es más que la cápsula o burbuja donde yo he querido meterla por mi escasa inteligencia, mi grandeza relativa y mi egoísmo gigantesco.

 

I.C. (21-VIII-08)

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